Africa.versus.America
.pdfCanaria, obtuvo respuesta afirmativa por unanimidad. El licenciado Aguayo atribuyó la prohibición a Lugo, que deseando paz, mientras levantaba las torres de Tagaoz y Nul, en el Cabo de Aguer, consiguió de los reyes seguro para los moros, en perjuicio de la corona y de las islas. Al remitir el flujo de esclavos, desertaron los mercaderes, el capital y los brazos, que labraban el campo. Disminuyó el quinto de la corona, fue perjudicado el Altísimo, que perdió muchas almas y a los propios negros, pues cautivos se dejaban bautizar, ganando la felicidad eterna, a cambio de una libertad, terrena y efímera. Y se achacó la decadencia de las islas a castigo, por privar de salvación a los de Berbería[21].
Reanudadas las cabalgadas, el rey tendría a su disposición barcos, caballos, armas y hombres, adiestrados en la guerra, sin desembolsar un maravedí, a más de desarrollarse el poblamiento de la Mar Pequeña, pues haciendo "la guerra" a los moros "en otras partes", muchos aceptarían pagar parias, a cambio de seguridad, acudiendo los naturales con su oro, sabiendo que no serían despojados ni maltratados. En cuanto a los castellanos, tendría en la torre de Santa Cruz, dotada de guarnición, protección para sus personas y mercancías, "sy todavya quisiesen aver el dicho rescate", pudiendo desembarcar y embarcar amparados, y los que practicasen la cabalgada "por caso que fuesen desbaratados, que se acogiesen a la dicha torre"[22]. El 2 de noviembre de 1505, sin aguardar el resultado de la encuesta, el Católico autorizó la guerra contra "los moros de Bervería, comarcanos a esta dicha ysla de Canaria, desde el cabo de Aguer, fasta el cabo de Boxedor"[23]. A la espera de que les convocase para la armada, que se formaría en 1506, quien tuviesen navío podría capturar "a los dichos moros de allende, desde el Río de Oro arriba hazia la parte de Meça, con tanto que desde el dicho Río de Oro abaxo, fasta la parte de Guinea, non puedan saltear"[24]. Mediado agosto Lope de Sosa, nuevo gobernador de Gran Canaria, recibió poderes para continuar la "contratación e rescate de Bervería e la Mar Pequeña e la Torre de Santa Cruz". Visitadas las factorías, haría inventario y relación, pidiendo a la Contratación mercancías, "que fuesen provechosas" en aquel mercado[25].
Juana desembarcó en La Coruña. Enterado Fernando de que el duque de Medina levantaba hueste, le dirigió larga carta, instándole a "derramarla" por inútil, pues sólo aguardaba a la hija para entregarle el reino, sin merma ni mácula[26]. Conocida la doblez del Aragonés, su amabilidad alarmó doblemente al destinatario. Considerando urgente hacerse con Gibraltar, para tener expedito el camino de la mar, exigió devolución al corregidor de Jerez, esgrimiendo el perdón de la reina difunta. Se negó a soltar la plaza y el de Medina pasó a los hechos. Dando gente a su yerno Pedro Girón[27], le mandó a conquistarla, en compañía de su primogénito, Enrique de Guzmán, que a sus once años, aportaba la fuerza moral de un nombre. Que Gonzalo de Olivares fuese alguacil mayor de Gibraltar, por el Duque de Medina, prueba el éxito de la jornada.
A la recuperación, siguió nueva posesión de las Islas del Cabo de Aguer. Apoderado Juan Bautista Genovés, desembarcó en Gurgarti, provincia de Tufani, el martes 19 de mayo de 1506. Reunidos los "cabeçeras e cabilas", "de mancomún e a voz de uno, han por bueno e firme e valedero, todo lo que en esta carta pusiere, escrito e firmado de sus nombres". Reconocieron al de Medina "por nuestro señor natural..., desde el día de la fecha desta carta", en nombre de los presentes "e de todas nuestras cabilas..", dándole "todo nuestro libre poder cumplido
bastante, así como lo tenemos e avemos e Dios nos lo dio", para que "nos mandare y defienda...
como a súbditos vasallos e pueda mandarnos e llamarnos". Recibirían a sus "criados" en "este su puerto", permitiéndole "facer una torre e fortaleza, a la manera que su señoría fuere servido", nombrando capitán o capitanes a los que darían "rehenes.., tantos quantos sea contenta la persona, que el tal cargo tenga, para facer la dicha torre", siendo devueltos los que de "nosotros toviese rescibidos", al término de los trabajos[28], prometiendo guardar la fortificación por el Guzmán y sus sucesores. Tras dar vasallaje, "para siempre jamás", confesaron veleidades recientes: si "en algún tiempo fue dada" su palabra "a algún capitán o algún caballero otro, que no sea por parte del dicho señor duque nuestro señor, que desde agora e para siempre jamás, la renunciamos e la damos por ninguna". A falta de escribano, legitimaron lo dicho, con su firma, los castellanos presentes[29].
El 28, Genovés estaba en Aytudel, reino de Cataleat. Le recibió Caçeyunt Otugugurin, señor de la villa[30], alformar mayor de la capital y "sus provincias", en el "reyno de Marruecos", al que pertenecían "la Ysla e términos e cabo de Mogodor", con Talgilt, Tiredi, Tetenezt, Catrecivi, cuatro cabilas de alárabes y otras cuatro, que tenían sus "alhaymas y mesquitas". Mencionados todos los títulos del Guzmán, incluido el novísimo de marqués de Cazaza, le llamaron "señor de Gibraltar", tratamiento de mayor enjundia, entre musulmanes, que el pomposo marquesado otorgado por los Católicos. Otugugurin le cedió el señorío de Aytudel, "con todas sus provincias" y pertenencias, en nombre propio y de sus descendientes, "segund que lo yo he e tengo e poseo e señoreo". Lo tendría el Guzmán "como cosa suya propia, comprada por sus dineros e avida por su justo valor e combeniencia". De por medio las posesiones de Manuel I y la Católica, el otorgante repitió cláusula insoslayable: "revoco qualquier o quales quier posesión o posesiones, que yo o mis antecesores o otro por mí o por ellos, aya dado e otorgado". Comparecieron los de la tierra, recibiendo Genovés, en nombre de "su señoría el conde", juramento de guardar lo dicho, por "Mahomat e por mi Alcorán e Alquabra". El acto se cerró según costumbre: puesto en una lanza "pendón colorado, con las armas e ynsinias de su señoría", corrieron la tierra al grito de "Niebla, Niebla", "en faz" del señor local y de "muchos moros de la dicha provincia". El alfaqueque Haçeyut, redactó la escritura "de mi letra", en presencia del escribano Alvaro de Vivero, siendo testigos Alonso de Ortega, vecino de Sevilla y Gonzalo Olivares, alguacil mayor de Gibraltar[31].
Acompañaron sendas cartas, escritas en árabe y no muy fielmente traducidas. Encierran declaraciones de principios, de evidente interés. Xoseín, hijo de Texixi, dio la paz al señor de la tierra, para "decirte secundariamente, que las provincias son tuyas, la patria tuia, las piedras tuias, las plantas y árboles tuios, el agua tuya y la tierra o territorio tuyo. Y te damos nuestras provincias para siempre jamás". En otra, los firmantes aludieron a "los moslemos, estantes en los reynos de Andalucía", para recordarles que debían "esperar todo lo que os a prometido Dios", soportando "infortunios o contratiempos", pues "somos de Dios y hemos de volver a él". Tras darse la paz, se dirigieron al Guzmán como Duque de Medina, "a quien Dios confunda en su religión", para reiterar "con juramento, que nuestras provincias son del duque.., pues sabemos que él puede venir en qualquier tiempo"[32].
Prohibido por Dios que recibiesen cristianos, "si es que saliesen de nuestros pueblos", "los que vengan de las descendencias o familias" de servidores del Guzmán, "o a todo aquel
que sea descendiente de su prosapia", podrían instalarse en la comunidad a su albedrío: "trastornar, fabricar, abitar y comprar con su dinero", lo que mejor les pareciese, no innovando los "moslemos" cosa alguna de "nuestras ciudades.., ni aun el uso de las lociones sacras", sin consentimiento del señor. Sus puertos estarían abiertos a los "pasajeros, que estuviesen al servicios del duque.., a quienes mutuamente alimentaremos y nos alimentarán". Establecido compromiso en doble dirección, aludieron a guerra en ciernes: "nos bolveremos a la Andalucía, grandes y chicos y todo aquel que pueda, ya sea a pie y a caballo", absteniéndose de acudir "aquel que por fines particulares de este mundo, se quede". El "perjuro de entre nosotros o de entre ellos, haga Dios que destruia su casa o sea arruinada, por moslemo o cristiano". Para terminar, se aludió a las tres religiones: "la paz sobre el duque y sobre su prosapia y sobre todo aquel que huviese jurado, sea christiano o judío"[33]. Confundiendo los hechos, la historia oficial sitúa la conquista de Mogador, por Manuel I de Portugal, en 1506, añadiendo que construyó fortaleza e introdujo la caña dulce, como en Agadir, sin caer en que la Casa de Agadir, estaba en el Cabo de Aguer, es decir, en la isla de Magador, Mogodor o Mogolo.
Desobedeciendo a su hija, Fernando V fue en busca de la corte. No se produjo el emotivo encuentro con la reina, que recoge la leyenda, pero lo hubo, sin duda, con la gente de Cisneros y el propio Cardenal. Dejando sus intereses debidamente protegidos, Fernando pasó al reino de Aragón, siguiendo a Nápoles, donde recibió la noticia del óbito de Felipe de Habsburgo, víctima de "landre" o peste, acaecido en Burgos, el 15 de septiembre de 1506. Fernando regresó a uña de caballo, neutralizando a la hija, para reinar en su nombre. La reacción de los generales de Juana, fue violenta en Galicia y Andalucía. Borrando la usurpación, perpetrada por el Católico, los disturbios pasaron, en el norte, por pendencia de grandes con el Arzobispo de Santiago. Y en el sur por insubordinación del Guzmán. De escasez el año, se importó pan de Negroponte, invadiendo Sevilla "gran peste", curiosamente selectiva. Circunscrita a la capital, se llevó por delante lo más granado de la clase conversa[34].
Huyó Juan de Guzmán de "landre" y ciudad, por evitar que le alcanzase, contando Bernáldez que creyéndola pasada, regresó con hueste y fanfarria. Contagiado de inmediato, por no haber medido sus tiempos[35], el cronista le mata a 10 de julio de 1507, señalando que recibió comunión y extremaunción, lo que en tierra de cristianos, no era noticia. En verdad testó el 12 de aquel mes, siendo causa probable del error, reclusión previa a domicilio. Encabezó sus últimas voluntades, sin omitir título, como "señor de Gibraltar", abriendo el texto palabras singulares: "convertido a Dios nuestro señor, inclinado hasta el suelo los hinojos en tierra, confieso la santa fe católica.., anatematizando como anatematizo, de toda herejía y especie della, que se haia levantado o levantare, contra nuestra santa fe". Probable que le asistiese inquisidor, declaró "ansí mismo aver sido mucho pecador, ansí en mi mocedad como en todos los días de mi vida, en que puedo pecar". Y pidió los sacramentos, como buen reconciliado, ya que al hijo de la iglesia, se le administraban de oficio. Es probable que luciese sambenito de estameña, inventariado entre sus objetos personales. Quiso misas, por ser moda, pero insistió en que se "rezase" el Salterio, hasta el fin de los tiempos y sin interrupción. Nombrado su convento de Santiponce y otros varios, como posibles receptores de importante manda, legada a cambio, aventuró que de no encontrar orden, dispuesta a consagrarse a devoción dudosa, se fundase religión al efecto, con monasterio adjunto, generosamente dotado[36], última voluntad incumplida, por quiebra inesperada del difunto.
No olvidó mencionar los dineros, que le debía "el Adelantado" Alonso de Lugo y por extensión su esposa, Beatriz de Bobadilla, por los socorros que mandó a Canarias. Los cobrarían sus herederos, con el débito del Obispo Juan de Fonseca y de Gutierrez Tello. A continuación confesó su pecado: "yo he fecho tratar en Berbería con los moros, por razón de sostener la posesión que mi villa de Sanlúcar, tenía del dicho trato. E porque quizá en la manera de trato, havrá habido alguna manera de conciencia", sus letrados examinarían la cuestión, con el P. Maestro Francisco, "mi confesor", sin perjuicio de que el hijo continuase el negocio, por vías más o menos legales: "por quanto yo avía fecho una contratación con el Mariscal Hernán Darias Saavedra, sobre ciertas escrituras que diera, según lo hablé con el Padre Francisco, mi confesor, mando que lo que dijere el dicho mi padre maestro Francisco, e tratare e concertare, aquello se haga e se concierte e lo pague el dicho D. Enrique, mi hijo, porque le quede libremente la acción de las dichas escrituras. Y sea para él"[37].
Visto lo sucedido con Palos, temiendo que le dejasen sin puerto, para abastecer a sus vasallos ultramarinos, había acordada fundación de lugar, junto a Moguer, con rada expedita, a medias con los frailes de la Rábida. Enrique ejecutaría el proyecto con la comunidad[38], por ser el medio más seguro de mantener abierto el camino, de las Islas del Cabo de Aguer. De libre disposición el tesoro, acumulado en la fortaleza de Niebla, encargó su custodia a Juan de Baraona y Gonzalo Fernández, "oficial de mis libros". Harían juramento "de guardar el secreto de lo que allí hallaren", repartiéndolo en dos partes iguales: para el primogénito, nacido de Isabel de Velasco y para su viuda, Leonor de Guzmán, a la que dejaba con tres hijos por criar. El duque murió el 14 de julio[39]. Nadie dijo que la muerte no fuese natural, pero el cambio de fechas, introducido por Bernáldez, apunta que le ayudaron a despenarse, no siendo habitual que moribundo, sin aspiraciones a santidad, aguarde el último suspiro en su agonía, "los hinojos en tierra", es decir, de rodillas.
Cuando se produjo el óbito, los 32 "esclavos de resgate", que "tomó" Pedro Suárez de Toledo, en el "Cabo de Aguerte" y los "bolbió... para los rescatar", navegaban en carabela del Guzmán, protegidos por 30 ballesteros[40]. Habiendo hecho su camino por la mar Fernando Caballero, con Rodrigo Bastidas, llevando "todas las cosas que se cargaron para las Indias", entre las que aparecen zapatos, "xervillas" y sillas de "xineta", se les buscó, para que rindiesen cuenta. Jacome Dinarte, vecino de Sanlúcar, aparece en la testamentaría, porque habría de darla del aceite, trigo, lienzo y otras mercancías, destinadas a los rescates de Canarias, a más de aportar relación de las tierras, ingenios y tributos en azúcar, que el difunto poseía en Gran Canaria y Tenerife. Los testamentarios se harían cargo de los "lyenços y paños y otras mercaderías", en poder de Pedro de Añasco, de la Casa de la Contratación, recibiendo partida de tejidos de Flandes, remitidos por los factores Diego de las Casas y Gonzalo García, con destino al truque. El jurado Pedro de Taryfa, daría relación de la cosecha del "almayx .., de lo que se truxo de las Yndias", sembrado en Vejer y del que tenía en los almacenes, así como de la grana y polvo de grana, que se cogió en Chiclana[41], en cuya costa y la de Conil, los Guzmanes introdujeron la chumbera, con cochinilla adjunta.
En la relación de menudencias del difunto, aparecen pedazos de oro "de alquimia", con "pedacitos" de oro auténtico, "vidrios verdes para contrafacer esmeraldas", piedras que "heran muestras para otras, que se avían de traer de Calicud", cuentas de vidrio azules, blancas y
amarillas, destinadas al trueque, tres penachos de plumas de avestruz, quizá aditamento de los tres últimos señores de las Islas de Aguer, como otras tantas caperuzas y "cadenitas" de plumas de papagayo, procedentes de Indias. A la llave de hierro, "que diz que era de la puerta de Turtuma", acompañaban cuatro de "palo", como las usadas por los aztecas, al decir del P. Sahagún, o los moros de la alcazaba de Sale, en el siglo XVII[42]. Es posible que como las cinco cañahejas, "que son bordones", simbolizasen las cinco provincias del Cabo. De Guinea procedía pinchel, con cuatro lagartijas y colmillo de elefante. De Berbería, los "libros de ebrayco", que se trajeron del Çafy"[43], puerto del Sus.
Nada sabemos del contenido del tesoro de Niebla. Mal avenidas las partes, el reparto no estaba hecho en agosto del año siguiente, cuando el Católico llegó a Sevilla[44]. Enrique de Guzmán, el nuevo duque, fue llamado al Alcázar. Según Barrantes, Fernando quería deshacer su matrimonio con María Girón, para casarlo con Ana de Aragón, su nieta por vía natural. Ofendido Pedro Girón, hermano de María y marido de Mencía de Guzmán, hermana del Duque, quiso evitar la afrenta del repudio. Colándose en el Alcázar, rescató al cuñado, galopando juntos hasta la raya de Portugal, donde se pierde su huella, cuando menos en el archivo de la casa de Medina. Leve pista de casta de equinos, encamina al muchacho a Venezuela. Reputados los caballos Guzmanes, se dice que descienden de semental, originario de Marruecos, traído por caballero andaluz, en el siglo XVI[45]. El primer caballo nombrado, de los que formaban la cuadra de Juan de Guzmán, a su muerte, se llamó Marruecos. Nada tiene de extraño que exiliado el hijo, de Portugal siguiese al señorío de sus mayores, llevando su montura.
Sea como quiera, los sucesos que siguieron a la partida de los cuñados, apuntan más a huida de un preso, que a defección de un huésped. Admite el propio Barrantes, que Fernando secuestró las fortalezas del duque de Medina. Entregadas mansamente por sus alcaides, resistió Niebla, entrando las reales tropas por asalto. Los soldados acopiaron botín de oro y joyas, en el caserío y de los vecinos, apropiándose el rey de la fortaleza y el tesoro. Enrique de Guzmán reapareció en Morón, para morir a los 18 años, siendo huésped de la familia de su mujer, por curiosa coincidencia en 1513, al año siguiente de comprar Manuel I, la fortaleza de Santa Cruz del cabo de Guee, al caballero Sequeiras, quizá a título de exiliado político, repatriado contra su voluntad. Al no dejar descendencia el último Medina Sidonia, de la saga de los señores de Aguer, heredó la casa el hijo mayor de Leonor de Guzmán. Habiéndose esfumado Caballero y Bastidas, la duquesa viuda dio poder para rastrearlos en Indias, mencionando, entre otras villas, las de San Miguel y San Cristóbal. En tiempo de este duque y de su hermano, fueron muchos los servidores de la casa de Guzmán, que emigraron a Indias. Los más eligieron Venezuela, saliendo en 1528 el matrimonio Quaresma, mencionados en las Elegías de Juan Castellanos, como vecinos antiguos de Coro.
[1]R.A. doc. LX/LXII.
[2]R.A. doc. LXIII/ LXVI/LXII.
[3]R.A. doc. LXI. "Norte de la Contratación de la Indias Occidentales". José de Veitia. Ed. 1671.
[4]En 1582 eran tan escasos, que para formar la armada del Marqués de Santa Cruz, enviada a las Azores, se embargaron urcas mercantes extranjeras. Felipe II no construyó navíos, hasta que en 1589, mandó hacer 12 galeones en Vizcaya. Sería constructor Felipe III, falta endémica de transportes.
[5]R.A. doc. LXI.
[6]Antonio de Torres, veedor de la Berbería desde el 20 de junio de 1500, alcaide de Santa Cruz de la Mar Pequeña, a partir del 21 de febrero de 1502 y gobernador de Gran Canaria, zarpó de ésta isla en el otoño de 1502. Llevaba las cuenta de Alonso Fernández de Lugo, del desembarco en Cabo de Aguer, a más del proceso incoado contra el escribano Gonzalo de Burgos. El barco se perdió, entrando en Cádiz, antes del 18 de marzo de 1503, no siendo de excluir que Francisco de Bobadilla, figurase entre los pasajeros. Incómodos para la historia oficial la biografía de Torres, sus periplos y la propia Gran Canaria, los historiadores omiten consultar una documentación, debidamente conserva, cuando menos hasta no hace mucho, inventando armada de 32 velas, imposible a tales alturas, con carga de 2.500 pasajeros, entre los que se incluye a Bartolomé de las Casas, embarcado como aspirante a poblador. Con precisión de falsario, la sacan de Cádiz a 13 de febrero de 1502, haciéndola arribar a La Española, el 5 de abril. De retorno embarcan a Francisco de Bobadilla, con 200.000 pesos de oro, apelando la tormenta, para ahogar a Antonio de Torres y Bobadilla, salvando siete u ocho barcos, que se dice condujo el piloto Francisco Roldán al refugio de Portobelo, en costa que estaba descubriendo Colón ("Historia de las Américas" VV.AA. Coordinador: Luis Navarro V Centenario 1991).
[7]R.A. doc. LXI.
[8]R.A. doc. LXII.
[9]R.A. doc. LXIV/ LXV.
[10]R.A. doc. LXIII.
[11]R.A. doc. LXIX.
[12]R.A. doc. LXIII/ LXVI/LXII.
[13]Bernáldez cap. CCIX. ADMS. 2431/2432.
[14]Simancas. Depósito de Medina Sidonia. ADMS. 4.6.1492. 11.1.1504.
[15]ADMS. 925.
[16]Un Pedro de Añasco aparece citado en la crónica de Vázquez, "El Dorado".
[17]ADMS 2432/931.
[18]Bernáldez cap. CLVI. SRGS X.1504.12. Avanzado el siglo XVI, los moros recuperaron Cazaza. El VI duque de Medina Sidonia volvió a tomarla, renunciando a las tenencias de Melilla, por no cubrir el gasto.
[19]ADMS. 931.
[20]Ibídem.
[21]R.A. doc. LXX/ LXXIV.
[22]Ibídem.
[23]Ibídem.
[24]R.A. doc. LXXIII/ LXXV. Hubo un río Mesa en Nicaragua y otro en Venezuela. El posible que el Río de Oro, a que se refiere el Católico en este caso, sea el Orinoco.
[25]R.A. doc. LXXIII.
[26]ADMS. 2395.
[27]Casado con Mencía de Guzmán. Enrique de Guzmán lo estaba con María Girón,
hermana del Conde de Ureña.
[28]A su muerte en 1507, tenía 4 esclavos negros y una negra, 17 canarios, uno llamado Alí Gómez y una canaria. No consta el color de María de Allende y sus hijos (ADMS 931).
[29]Simancas. Depósito Medina Sidonia.
[30]Ibídem.
[31]Simancas. Depósito Medina Sidonia. En coletilla en árabe, firmaron: Xosair, hijo de Texixi, Mansur, hijo de Fetug, Lexase Xamad, el Seflus, Sais Abd el Umen, Simón hijo de Omar, el Zexani Said, hijo de Aysa, Said, hijo de Mohamed, el Neflus, Said, hijo de Hnein, Daid Hamad, prefecto, Xosein hijo de Bergus, Amón hijo de Mohamed el Soltán, Xoseín hijo de Mansur el Soltani.
[32]Simancas. Depósito Medina Sidonia
[33]Simancas. Depósito Medina Sidonia
[34]Bernáldez cap. CCIX
[35]ADMS. 931.
[36]Ibídem.
[37]ADMS. 931.
[38]Ibídem.
[39]Ibídem.
[40]ADMS. 931/2432.
[41]ADMS. 931.
[42]ADMS. 2410.
[43]Entre lo "morisco", aparece talegón con cuatro talegones de tinturas, para dar color; talegones con "momos" o figurillas chicas y grandes, de oro, plata, cobre y plomo, a más de jaeces de caballo y ropa. De Indias: dos manojos de cascabeles; una cadeneta, un papagayo en hueso; una pelota grande, dos pares de faldillas de algodón; cinchas de algodón; tiradores, que deben ser hondas; calabaza de paja; cama, hamaca y tres nueces. De Guinea: dos atabales; tres azagayas, arcos y flechas; sabanas, bolsoncillos, tocas, piezas de lienzo de palma, blanco y "prieto" (ADMS. 931).
[44]ADMS. 931.
[45]ADMS. 4259.
El último tratado
Muley Baudala Abdali, rey de Tremecén, había perdido Mazalquivir y Orán, a manos de su sobrino Azana. Confundiéndose probablemente, pues trató al Católico de rey de Granada, le abrió su reino, enviando a su alcaide Mahamed el Ludi, "persona de linaje e
de virtud, sabio y entendido en todas las cosas de generosidad y nobleza, fidelísimo y de buen consejo". Desembarcó en Cartagena, con regalo de 130 cautivos cristianos, liberados sin rescate, 22 caballos encubretados de grana y oro, un juego de ajedrez, pollos recién nacidos, gallinita "morisca india, pintada pardilla", que "cantaba maravillosamente", león manso "pequeño", doncella "pequeña, blanca como nieve e muy hermosa, de sangre real", 60.000 doblas, cadenas, manillas y piedras de oro, amén de otras menudencias y carta, dando vasallaje en lo público y secreto, ofreciendo "mi persona y mi tierra"[1]. De resultas Fernando se hizo con Orán, Trípoli, Bujía y probablemente Mazarquivir, que se dice ganada en 1505. Siguió la conquista de Peñón, "en la mar delante de Vélez", al oeste de Cazaza[2], avanzadilla de pequeño reino semi independiente, comprendido en Túnez, que tuvo réplica en Indias, en la ribera oeste del Maracaibo, llamada Vélez. Controlado por los turcos[3], perteneció al reino de
Fez y a la "conquista" de Portugal.
Ocupado en septiembre de 1508, por el capitán Pedro Navarro, al tener la isla "en sí buen compás", hizo "casas e pueblo", dejando "guarnición de gente de tierra e de mar" a más de batería en el fuerte, que echaba "a perder a Vélez de la Gomera y a su rey", por caer sus pelotas en el centro del caserío,[4]. Enterado Manuel I, "ovo mucho sentimiento y alteración"[5], presentando queja airada. Replicó el Católico que los de Vélez hacían muchas fustas, capturando pueblos enteros en la costa de Granada, con el riesgo añadido de que al ser los vecinos "nuevamente convertidos", de presentarse oportunidad se pasarían al infiel, con tierra incluida. Al ser esta la causa de que pechase con el costo de la conquista y mantenimiento del Peñón, que al ser Vélez "reino de por sí", no se podía considerar parte de Fez, Fernando propuso aprovechar el incidente para delimitar las "conquistas", por la parte de Meça y Bojador[6].
Encargado de la negociación el Comendador Ochoa de Isasaga, tesorero de la Infanta[7], reina de Portugal, aprovechó mala nueva de infieles, para abordar el tema. Estaba Manuel I con la corte en Evora, entretenido "en fiesta y placer", cuando al regreso de "la caza de liebres", le dijeron que los de Fez habían cercado Arzila. Suponiendo agobiado al monarca, apenas salió el mensajero, Isasaga penetró en la estancia, transmitiendo el recado del Católico. Arrumbando el disgusto, el portugués exigió devolución del Peñón, "por esta investidura que tengo de rey", dejando caer que podría negociarlo, caso de recibir contra oferta la tentadora por enclave, útil para la guarda de Melilla[8]. Atisbando debilidad, el Católico endureció su posición: no soltaría el Peñón, en tanto no se "remediase el perjuicio" que recibía de Portugal, en el otro extremo de su conquista[9]. Estando la corte en Beja, el portugués intuyó la intención. Replicó que Fernando habría de "mandar entregar lo nuestro", sin mezclar la cuestión del Cabo de Aguer, propio de Portugal, sin discusión posible. Al ser cierto, Fernando se escudó en el desatino: estando adscrito al Cabo al almojarifazgo de Sevilla y la Casa de la Contratación, no podría renunciarlo, sin mediar votación favorable, de los miembros del Consejo. Semejante escrúpulo, en boca de rey absoluto, debió hacer reír al destinatario. Evidente que una decisión burocrática, no podía cambiar la situación geográfica de Aguer, Manuel I se cerró en banda: devuelto el Peñón, se podría proceder a fijar las fronteras de Fez, por aquel "cabo"[10].
De dimes en diretes, las testas coronadas dieron en propuesta formal, a 24 de noviembre de 1508. Manuel I ofreció ceder el Peñón de Vélez, "hasta Melilla y Cazaza", si Fernando renunciaba a "cualquier razón e derecho que Castilla pueda tener, en qualquier cabo de la costa de Berbería, conviene a saber desde los límites del reyno de Fez, para toda otra parte que quedó por determinar, fasta el cabo de Bojador e de Naam, donde comiençan las marcas de Guinea, como está contratado en el contrato de las paces"[11]. Se quejó el Católico de fortaleza, construida en el Cabo de Aguer, en perjuicio de su corona[12], sin duda por Juan de Guzmán, a efectos del vasallaje de 1506. Y las conversaciones se hicieron tormentosas, transcribiéndolas Isasaga en la noche del jueves, 7 de diciembre de 1508. Tajante Manuel I, expuso que estando el Peñón en su conquista, no tenía por qué enredarse en disquisiciones, sobre "si el Cabo de Aguer era de acá o de allá". Insistió el embajador, haciéndole ver que el acuerdo le cuadraba, pues podría aprovechar para que Fernando renunciase al Cabo, acabando con desagradable
litigio, en costa lejana. Sabiendo Manuel I, por experiencia propia, la facilidad con que los reyes violan juramentos, replicó que si cedía, "se hará otro día otra fortaleza en mi conquista, y decirme ha después que le entregue primero el Cabo de Aguer, como lo dize agora por Vélez". Prometió Isasaga, sin creerlo, que jamás caería Fernando en semejante felonía. Y el rey de Portugal no le hizo caso[13].
Al día siguiente hubo consejo. El embajador aguardó a la puerta, abordando al monarca a la salida. Traía la respuesta en los labios: estando Aguer en una de las fronteras de Fez, que quedaron por delimitar, pero no Vélez, el intento de utilizar el Peñón, como instrumento de chantaje, carecía de futuro. Iluminado por el Altísimo, Isasaga encontró argumento sin réplica: caso de meterse a enredar en las fronteras, "queriendo saberlo cierto, no será tan oculto que no se sepan los límites de un reino tan grande", pudiendo salir escaldado Portugal, obligado "por la mesma capitulación", a restituir "las fortalezas, que tiene hechas fuera del reino de Fez, en lo que pertenece a Castilla". Negó Manuel I haber incurrido en tal dislate, pero al no estar seguro, cambió de postura, apuntando el embajador al corazón: de no haber tropezado con sus consejeros, Fernando le hubiese devuelto el Peñón sin contrapartida. La contestación fue gélida: "estos capítulos que me dixistéis, más cumplen a su persona, que no a Castilla". El martes, Manuel I fue directo al grano. Acusó a Fernando de retener el Peñón "contra justicia", añadiendo que si "no abía más que hablar en esto", pudiera ser porque Isasaga no traía "recabdo" escrito, que refrendase sus palabras. De no aportarlo, habría demanda en los tribunales de Roma, por el atropello del Peñón, con sentencia enojosa por resultado, por ser usurpación tan evidente, como si Castilla pretendiese tomarle Olivenza[14].
El secretario Almazán expuso su opinión: lo de Vélez "no es nada si no trabajo sin ningún interés, pero es más aparejado para guardar lo de acá y escusar... muchos robos de moros". Hija al fin, la reina de Portugal informó al padre, de los temores del esposo. Fiando en su capacidad de persuasión, el Católico citó al colega, en la frontera de Badajoz[15], viajando con séquito escueto, "que no trahe grande ni otra gente", atavío ni plata, "si no una poca con que se fue de camino", quedando el guardarropa en Simancas, pues "ni aun buen forro de martas no truxo, ni curara S.A. ni otra persona de fazer y sayo ni una capa ni otra cosa, para las vistas, sino ai con sus vestidos que trahe de camino y en sendas mulas irá S.A.", como "entre fijo y padre deve ser", aun siendo llaneza desacostumbrada: "yo le vi artas vezes a Su Alteza ir a la guerra de los moros, con más atavío que agora en este camino trahe, que no trahe tapicería". En Cáceres quedó la reina Germana. con el hijo, que de haber alcanzado la pubertad, hubiese cambiado la historia[16].
Desagradables las conversaciones para muchos, hubo quien pretendió estorbarlas, corriendo que la reina Juana murió en Arcos, quedando Fernando sin autoridad. Sin eco el incordio, a 26 de diciembre se ultimó el primer borrador del acuerdo. Inclinándose a las exigencias del portugués, el Católico reconoció que "el dicho Vélez de la Gomera, e los mares adyacentes" pertenecían a Portugal, por "la capitulación" firmada con "el rey D. Juan, sobre la demarcación y límites del reino" de Fez. Necesario el Peñón, para mitigar "los grandes males e daños, que los moros de Africa hacen con sus armadas en la gente de la tierra.., en la parte de Andalucía, expresamente aquellos que tienen acogimiento en los puertos de Vélez de la Gomera e de los lugares allí comarcanos", a cambio de conservarlo renunciaba, en nombre de
la reina, su hija, a las pretensiones de Castilla sobre el Cabo de Aguer. Tras aludir al acuerdo de Tordesillas, en singular[17], repitió, coreado por sus consejeros, que "el dicho Vélez de la Gomera e su tierra, con lo demás de la parte de Levante, fasta donde se acaba el término de Cazaza, son de la conquista del reyno de Fez". Satisfecho Manuel I, cedió el peñasco con "toda la costa del dicho lugar de Vélez, fasta los dichos lugares de Melilla e Caçaça", incluyendo lo que "agora ovieren fecho e se fiziere e con todos los términos dellos"[18]. A cambio quedaría a su corona, sin discusión posible, toda la tierra comprendida en el "Cabo de Aguer". Al prestarse a confusión las dos torres de Santa Cruz, fueron nombradas: la que hizo en 1496 el gobernador de Gran Canaria, quedaría "a los reyes de Castilla", a condición que "de la tal torre", sólo se tratase y navegase por la mar, "de frente della y no a la luenga de la costa, para un cabo ni para el otro", tanto en dirección del "Cabo de Boyador", como hacia "Levante". En cuanto a la Santa Cruz de Inés de Peraza, que no hubiese querido Almazán, aunque se la diesen "dada", sería para Portugal, marcando el límite de su conquista[19]. Situadas a "barlovento" de Paria, Hierro y Gomera fueron incluidas en la "conquista" de Manuel I.
Entretanto los canarios continuaban fletando armadas, para ir de cabalgada a Berbería. En Tenerife se fletaban en primavera y otoño, participando los Lugo. En abril de 1509, Fernando compró 10 quintales de bizcocho, en 5.000 maravedís de Canarias, a pagar a finales de julio, "e antes sy antes viniéremos de la Berbería, en la armada que agora para allí se haze". El 21 de julio, cansado el padre y adulto el primogénito, el adelantado de las Canarias, gobernador y justicia mayor de Tenerife y Sant Miguel de la Palma, Capitán General de la Berbería, "dende el cabo de Aguer fasta el Cabo de Bojador, por la reina", convocó a Sebastián Páez, escribano de San Cristóbal[20], para traspasar a Pedro Hernández de Lugo la Mar Pequeña, "donde el dicho señor Adelantado tiene su capitanía", con la "conquista que de la dicha Berbería tiene e de las torres e fortalezas" de Saca, Tagaoz y Nul, sumando las alcaidías de las que "ficiese e fabricare" o ganase y la posesión de ciudades, villas, lugares y castillos se le entregasen, conquistare o fundase. Autorizado a nombrar lugartenientes, buscaría "personas áviles y suficientes", tanto en lo militar, como en cuestiones de justicia, con obligación de proveer los cargos, que la corona ordenaba. Al comportar el regalo "peligros y trabajos", pero sobre todo gastos, Alonso cedió al hijo la mitad de las tenencias, parias, botín y "quintos de las cavalgadas, que él o sus capitanes hisieren, en la dicha Ververía", tanto en poblado "como en los campos, donde los aláraves andan e habitan", con la mitad de la jurisdicción, advirtiendo que no podría emprender acción bélica, sin licencia paterna[21].
A 23 de julio, Pedro arrendó la carabela de Diego López, de Puerto de Santa María, surta en el puerto de Santa Cruz. El propietario, que navegaba como maestre, se obligó a dar el casco "estanco de quilla y costado", bien ensebado, con aparejos, marineros y batel "esquifado", para bajar a tierra, poniendo "grasante ardiente", sal, leña, fuego y agua, durante el viaje, "según uso de mareantes". El arrendatario aportaría comida y vino, para pasajeros y tripulantes. Imposible fijar la duración del viaje, pues dependía de las presas que se pusiesen a tiro, el flete se ajustó en 15.000 maravedís por mes, a partir del 20 de julio. "Guardando Dios" el barco "de mar, vientos y corsarios", sería liquidado 8 días después de entrar en el "puerto de Santa Cruz, de esta Isla de Santa Cruz", aceptando Lugo multa de 100 doblas de oro locales, caso retrasarse en el pago. En aquel viaje, como gobernador asociado, llevó "los moros" de rescate, "que agora están en esta dicha isla"[22].
