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☆

Tedle a manos de Galda, los supervivientes dieron vasallaje. Bautizados por el obispo Juan Frías[27], algunos por tercera vez, aparece mencionado, como muerto, un Michel de Muxia, vizcaíno de nación[28], "que era capitán bajo Pedro de Vera"[29], sin duda el canario Michel de Monxica, al que convenía desintegrar. La batalla, si la hubo, tuvo lugar, necesariamente, en diferente lugar o momento, pues en 1483, había terminado la conquista de Gran Canaria. Necesitando más gente de la que "allá está", para "acabar de ganar" a los canarios, a "nuestra santa fe", el 12 de diciembre, Isabel ofreció perdón de culpa y pena, a los "omicianos" de las Cuatro Villas y la Merindad de Trasmiera, a cambio de servir a su costa, durante seis meses, contados desde el día en que se presentasen ante Monxica y Vera, en la conquista de Gran Canaria, "que está en poder de ynfieles". Siendo el indulto premio suficiente, no participarían del botín, ni del reparto de heredades[30]. Antes de terminar el mes, Fernando de Cabrera[31], receptor general "que fue", en las "Yslas" de Gran de Canaria, rindió cuentas a Michel de Monxica, "mi receptor que agora es de la dicha Gran Canaria", porque la isla estaba conquistada[32].

Años después, el canario Juan Manuel, recordaba a los Católicos, que los naturales de Gran Canaria, nunca fueron "vencidos", pues dieron vasallaje voluntario, contra la promesa de que sus personas y bienes, serían respetados, por lo que "no son ni pueden ser esclavos"[33]. Confirma el supuesto Juana Canaria. Sometida la isla a "nuestro servicio", quedó en libertad "con los otros canarios, que nos mandamos que fuesen libres", por haberse dejado bautizar, sin resistencia. Preparándose "para yr a la Ysla de Tenerife", cuando Vera invitó a los varones a seguirle, prometiendo que saldrían aprovechados. Barruntando que terminarían en el mercado de esclavos, rechazaron la oferta. El gobernador quiso capturarlos, pero "se absentaron", echándose al monte. Huido el marido de Juana, fue acusada de recibirle de noche, prestándole ayuda. Condenada a cautiverio, en Andalucía la compró un jerezano, destinándola a esclava doméstica[34].

Probablemente sin saberlo, Bernáldez corroboró la declaración de Juana. A punto de salir hacia Tenerife, no queriendo dejar a su espalda 600 hombres "de pelea", Vera aplicó el arma del político español, que es el engañó. Asegurando a cuantos le siguiesen, que "ganarían para vestirse", consiguió embarcarlos por su pie. Encerrados "debajo de la tilla", para que no se orientasen por el sol o las estrellas, les llevó a Cádiz y Puerto de Santa María. Puestos en venta, los barcos regresaron, en busca de las mujeres y los hijos. Subieron a bordo sin chistar, con decirles que las llevaban, donde estaban sus maridos. Superada la demanda por la oferta, los invendidos quedaron abandonados en libertad, por no alimentarlos, permitiendo que se alojasen extramuros de Sevilla, junto a la puerta de Milhojar. Muertos los más, al no aclimatarse, otros se desperdigaron por el reino, regresando a Gran Canaria los menos, para formar núcleo de población castellanizada[35]. Condicionado por la extraña interpretación de la ética, que impera entre españoles, el cronista celebró la felonía, declarándola virtud, porque se perpetró por razón de estado, en aras de la "pacificación" de la isla[36].

Por si lo había olvidado, el Católico recordó a Vera el deber de continuar la guerra, conquistando Tenerife y la Palma[37]. En albalá dirigida al provisor de Villafranca, la reina expuso los planes para 1481: "los concejos de las behetrías de mis regnos", darían "todos los galeotes e marineros que son obligados a me servir, cada e quando fisiere o mandase faser

armada". Remitido un tercio para transportar la primera cosecha de "omicianos", los restantes quedarían en reserva, con destino a la armada "gruesa", que se proyectaba para abril[38]. Recién terminados los movimientos de Galicia, contra el Obispo de Santiago, abundaban caballeros inculpados, a causa de la guerra. El 17 de enero de 1481, Isabel les invitó a servir "por su persona" y a su costa, "con la gente" y durante el tiempo que acordasen con el Justicia Mayor, nunca inferior a seis meses: "sepades que después que yo mandé conquistar la Isla de la Gran Canaria, e por la gracia de nuestro señor se ganó e los infieles della se convirtieron a nuestra santa fe católica", Pedro de Vera y "mis gentes e capitanes, que están en la dicha costa", emprendieron la conquista de "Tenerife y la Palma", igualmente "en poder de ynfieles". Imposible "reducir... las dichas islas, sin que aya de yr e vaya más gente", para que los naturales fuesen "convertidos" o "lançados" de la tierra, apelaba a los "omicianos"[39], por ser sus vasallos reacios al servicio en las armas y caro el soldado profesional. Cumplido el tiempo asentado, certificado de Pedro de Vera y Michel de Monxica, les haría libres de culpa y de acudir a la guerra, por los días de su vida[40].

Ocho delincuentes gallegos de alcurnia, fletaron carabela, con intención de ganar el omecillo. Yendo "por la mar adelante", a vista de Lanzarote, primera isla en la ruta de Gran Canaria, les sorprendió la tormenta. Obligados a desembarazarse de armas y despensa, regresaron para reponer existencias. Otra vez a punto de tocar en destino, el tiempo les devolvió a Sanlúcar del "Marisco". Inútil la tercera intentona, por haber terminado la contienda, consiguieron el perdón el 30 de mayo de 1486, en atención a su buena voluntad[41]. Falto de influencias el omiciano Gonzalo Carrillo, vecino de Pontevedra, fue llamado a pelear contra los "enemigos de nuestra santa fe", en el sitio de Málaga. Manifestando la falta de entusiasmo habitual, aportó certificado de Monxica y Vera, que le declaraba cumplido, habiendo dejado atrás una Gran Canaria conquistada[42]. Ferrand Coyceyro, vecino de Santiago de Castello, se libró de ir a la guerra de Granada, porque sirvió 8 meses con Pedro de Vera, hacía 11 años, "principalmente en las Islas de Tenerife y la Palma", dejando la Gran Canaria sojuzgada[43]. Encendida la guerra en Palma, en 1481, no es de extrañar que Alfonso V se alarmase, ordenando a su arquitecto, Diego Pireis, hacer fortaleza, para defender su demarcación y la Mina, por la parte de Cabo Bojador. Desembarcó mediado enero de 1482, edificando en eminencia, sobre sillares antiguos. Grabado en uno año del siglo XIV indeterminado, por ser ilegibles las dos últimas cifras, es probable que la fortaleza de San Jorge, se construyese sobre las ruinas, de la Akkara normanda.

Gobernador de las tres islas mayores[44], Pedro de Vera prolongó la conquista de Tenerife y Palma, para prolongar la comercialización de esclavos, ganados en "buena guerra". Pasaron los Católicos por alto la irregularidad, pero la intuyeron las víctimas. Habiendo descubierto que los castellanos les provocaban, para justificar la represión, acordaron tomarles la delantera. Cierto día, "los vecinos e avitantes en las islas de Tenerife e la Palma", pidieron conversión a "nuestra santa fe católica e estar a mi obediencia, como súbditos e naturales.., conosciendo el yerro grande en que estaban". Imposible desoír tan sentida y pública petición, formulada por "islas de nuestra conquista", el 27 de julio de 1488, Fray Antón Cruzado, maestro de teología de la orden de San Francisco, fue nombrado cura de sus almas, presentándose con cortejo de clérigos. Que tanto Pedro de Vera como los Peraza, madre e hijo, recibiesen orden de respetar a los religiosos, permitiéndoles bautizar cuanto les viniese en gana,

indica unidad del territorio[45].

Pedro de Vera se inmiscuyó en las islas de señorío, decretando levas en Lanzarote, Fuerteventura, Gomera y Fierro. Protestó Inés, en nombre propio y de su marido, siendo "amonestado" el gobernador[46], pero la cuestión no pasó a mayores, preocupando a los reyes la tendencia de los vasallos de la Peraza, manifestada a principios de 1484, de mudarse a "la Ysla de la Gran Canaria". Libres los castellanos de trasladar su domicilio, dónde y cuándo les viniese en gana, los reyes aplicaron el "imperio absoluto", nueva modalidad del "propio motu", para prohibir a los vecinos de las islas menores, que "vos vades a vivir e morar... a la dicha Ysla de Grand Canaria", bajo amenaza de secuestro de bienes, quedando prohibido a Pedro de Vera recibirlos, porque estando las islas "cercanas a los moros, enemigos de la nuestra santa fe católica", de faltar la población cristiana, serían conquistadas[47]. Es probable que los desertores acudiesen al realengo, al olor de las gangas, que siguieron a la conquista. No queriendo los soldados cobrar en esclavos, temiendo que se los secuestrase el obispo, Vera les pagó en propiedad inmobiliaria. Deseando regresar a la patria, vendieron por lo que les daban. Al quedar recluidos en sus islas los vasallos de la Peraza, desaparecieron los compradores, dirigiéndose los milites a la corona, en busca de solución. La respuesta, fechada en 1485, es modelo de desfachatez: si "non fallays quien las compre", se partirían casas y tierras, para que cada cual pudiese disfrutar de lo suyo[48]. Así nos enteramos de que los canarios tuvieron casas de material. Y de que fueron expropiados.

Cuando Pedro de Vera inició su conquista, los castellanos no tenían más población que Villa Real de las Palmas, fundada por Rejón. Francisco Fernández de Arévalo, nombrado escribano con carácter vitalicio, el 15 de julio de 1485, ejerció "donde vos en persona estovieres e presente fuerdes", teniendo escribanía "do quier que vos vivierdes e morades". Cuando "nos mandamos partyr la dicha tierra de la dicha ysla", le sería adjudicada la provincia, "donde asentaredes a vivir y avesindáredes"[49]. En 1490, el notario mayor Luis Sepúlveda, traspasó jurisdicción, que comprendía Villa Real de las Palmas, la de Galdar y la ciudad de Telder[50], poblada de antiguo por cristianos, el vecino Benito de Arévalo, muerto en 1491, "en una armada que fiso para la Isla de Tenerife, puede aver tres años, pocos más o menos", era propietario en Telder de fortuna, hecha en la "isla de Gran Canaria"[51].

[1]SRGS. III.1480.302.

[2]SRGS. XII.1479.33/34.

[3]Ibídem

[4]Pedro de la Algaba y Juan Rejón, vivían en 1480.

[5]SRGS. II.1480.11.

[6]SRGS. V.1486.194.

[7]SRGS. II.1480.174.

[8]SRGS. II.1480 1 y 2.

[9]SRGS. II.1480.154.

[10]SRGS. II.1480.155.

[11]SRGS. II.1480.154.

[12]SRGS. II.1480.2.

[13]SRGS. IV.1480.18.

[14]SRGS. II.1480.58.

[15]Pulgar cap. XVIII.

[16]Bernáldez cap. LXVI.

[17]SRGS. IV.1480.136.

[18]SRGS. IV.1480.139.

[19]SRGS. IV.1480.205.

[20]SRGS. IV.1480.183.

[21]Bernáldez cap. XXXV. SRGS. II.1478.88 Meandro del Guadalquivir, en término de Trebujena. Juan de Guzmán, primer duque de Medina Sidonia, lo cedió a la ciudad de Jerez, separando la aldea de la jurisdicción de Sanlúcar, por no tener problemas en Bonanza.

[22]SRGS II.1492.207.

[23]Pulgar cap. XVIII.

[24]SRGS. IV.1480. 135.

[25]Pulgar cap. LXXVI. 330.

[26]Bernáldez cap. LXVI.

[27]Bernáldez cap. LXVI.

[28]F.O. T. III pág. 34. Refiriéndose a las Canarias, el autor dice: "Pedro de Vera, noble caballero de Jerez de la Frontera e Miguel de Moxica, conquistaron la Gran Canaria en nombre de los Católicos Reyes... y las otras islas, excepto la Palma y Tenerife". La salvedad tiene por fin justificar la guerra de Lugo.

[29]Bernáldez cap. LXVI.

[30]SRGS. XII.1480.50.

[31]El apellido Cabrera es constante: Andrés de Cabrera, casado con Beatriz de Bobadilla, colaboró con Isabel la Católica en 1473. Alcaide de Segovia, le franqueó la entrada en la ciudad, haciéndola proclamar heredera de Enrique IV. Y a la muerte del rey, para proclamarla reina de Castilla. Alonso de Cabrera aparece como alcaide de Diego de Herrera, en la torre de Galdar; Diego de Cabrera, factor de Inés de Peraza, pasó al servicio de la corona en 1496. Alcalde mayor de Gran Canaria, salió mal parado de juicio de residencia, en 1499; en 1505 Ginés de Cabrera, hijo de Juan Fernández, puso el barco de servicio, en la torre de la Mar Pequeña. Diego Martín de Cabrera, experto en las costas de Indias, fue a poblar con Nicuesa, en 1510.

[32]SRGS. XII.1480.86.

[33]SRGS. IX.1499.494.

[34]SRGS. II.1491.96.

[35]SRGS. 31.5.1486.194 Bernáldez, caps. LXIV. LXVI.

[36]F.O. T. III.

[37]SRGS. II.1480.11.

[38]SRGS. XII.1480.85.

[39]SRGS. V.1486.194.

[40]SRGS. XII.1480.50.

[41]SRGS. V.1486.194.

[42]SRGS. IV.1487.129.

[43]SRGS. XI.1493.47.

[44]SRGS. XI.1483.219.

[45]SRGS. VII.1488.220.

[46]SRGS. XII.1483.227.

[47]SRGS. 5.1.1484.6.

[48]SRGS. II.1485.14.

[49]SRGS. VII.1485.2.

[50]SRGS. XII.1490.20.

[51]SRGS. XI.1494.293. Sus hermanos eran Pedro González, mercader y María. La muerte de Fernán

Apenas perdió el poder Pedro de Vera, las denuncias revelaron la realidad de su gobierno. Tenía por costumbre permitir a sus colaboradores, apropiarse de lo ajeno; juzgaba movido por simpatías o antipatías, sin prestar atención a la naturaleza del delito y sus

circunstancias; acogía delincuentes convictos a domicilio, facilitándoles la huida, absteniéndose de pagar sus deudas. Imagen típica del cacique peninsular, que se refleja en denuncias individualizadas: Antón Viejo, vecino de La Gomera, recibió solar y heredamiento, por haber servido en la conquista, del pricipio al fin. Tenía construida vivienda y cultivada la tierra, cuando el gobernador le embargó, para dar sus bienes a uno de sus criados[1]; Fernando de Galdar de Guarnateme[2], aborigen castellanizado, dedicado al cultivo de la caña, al que la historia oficial convierte en príncipe, aguardó la caída de Vera, para reclamar devolución de préstamo en azúcar, incobrable mientras tuvo el poder[3].

Debidamente diferenciadas las provincias de Madeira y Gran Canaria, las relaciones fueron estrechas. Proveedora la primera, barco con vituallas, procedente de la provincia portuguesa, que estaba en el puerto de la Canaria, fue robado por dos vecinos. Recuperado por carabelas de armada, cinco leguas mar adentro, Vera hizo ahorcar a uno de los ladrones, desterrando el otro. Mercader de Madeira, que traía 7 negros a vender, jugó a dinero. Prohibido en las islas, al ser sorprendido, le condenaron a 100 azotes, muriendo en el castigo. Enojoso el incidente, Vera vendió dos negros, para cumplir con el alma del dueño, entregando los cinco restantes, a convecino del difunto, para que los devolviese al hermano. Las afinidades de Canarias con la América colombina, iban más allá del sistema fiscal y de la necesidad de licencia, para embarcar hacia donde fuese. Practicado el alzamiento, con participación de castellanos, lo hubo en la sierra de Llagalter, con la complicidad de vecinos de Villa Real de las Palmas. Fueron ajusticiados Alvaro de Oviedo, por repicar la campana, llamando a rebato y Alonso de Santo Domingo, que sacó el pendón[4]. A imitación de los conquistadores, los canarios iban a "descubrir", terminando expedición de Vera a Tenerife, en denuncia contra el gobernador, presentada por el capitán Lope de Salazar, quejoso porque se quedó con diez o doce cautivos. Lo justificó, replicando que fueron vendidos, para cubrir gastos[5].

Estando el ballenel Santa María de Gracia, fletado por vecinos de Lepe, en el puerto de Gran Canaria, a punto de zarpar, se presentó Antonio Ollero, "maestro de hacer azúcar", con un criado. Pagados los pasajes, el maestre vizcaíno Martín de Arístidi, los recibió a bordo. Hombre útil Ollero, maltratado sin duda, pues de lo contrario no hubiese desertado, al saber Vera que se escurría, montó en cólera, culpando al maestre por admitir pasajero, sin exigir salvoconducto,

"por simpleza o por codicia", mandando barco de armada, tras el ballenell. Habiendo entrado en Fuerteventura, para hacer aguaje y completar la carga, lo capturó Rodrigo de Vera[6]. Decomisada miel, cera y azúcar, al declarar Arístidi no saber que Ollero, viajaba contra la voluntad del gobernador, quedaron libres barco y tripulantes. De regreso en Lepe, el armador, Francisco Pinzón[7] presentó denuncia, rechazándola los justicias, porque al estar los testigos "muy lejos", no se podrían hacer las probanzas[8].

Juan Frías, obispo de Canarias y Rubico, quiso cobrar el diezmo de las islas. Inés de Peraza, en nombre propio y de y Diego de Herrera, "cuyas son las Yslas de Lanzarote, Fuerteventura, Gomera y Fierro", no las "islas Canarias", en conjunto, como poco antes, recordaron al prelado, documentos en mano, que pertenecía a los señores, como en toda tierra, que perteneció al Temple. De paso se quejaron de las 40.000 cabras del prelado, que pastaban en Fuerteventura, desde hacía 20 años, no habiendo pagado jamás un maravedí, de diezmo ni herbaje, Los reyes dieron la razón a los señores, respondiendo la iglesia que las tales cabras, estaban en la isla desde que las ocuparon cristianos[9]. Muerto Diego de Herrera, a finales 1484, le siguió Juan Frías, en la primavera de 1485[10]. Inés de Pereza aprovechó para solventar el problema, comprando las cabras a los testamentarios. Pero la mesa del Cabildo eclesiástico, deshizo la transacción, declarando el ganado propiedad de la Iglesia, habiendo alimentado el rebaño a los canónigos, de tiempo inmemorial. Al quedar Frías en usufructuario, la Peraza perdió lo gastado en el pleito, la compra y el ganado.

Aprovechando estancia en Sevilla, a 15 de febrero de 1488, Inés formalizó el mayorazgo, instituido en vida del marido. Enumeradas las islas mayores y menores, con "todas las otras islas de Canaria", a las que tuviese "derecho e abçion", ratificó las acusaciones contra su primogénito: "como diablo propio" cayó "en mal caso.., deseando de nos matar e buscando fuerças para ello", hasta que "le fisimos prender". "Ombre fuera de toda verdad e merescimiento", el matrimonio concluyó, a su tiempo, "que nos sería gran cargo de conciencia", poner en su mano bienes temporales, pues los emplearía "para mal". Ratificada la sucesión en Fernán[11], de regreso en la isla, Inés se ocupó, con el hijo, de buscar ingresos, que reemplazasen la trata. En 1482, la cosecha de múrices de Fuerteventura, estaba arrendada[12]. Productoras las islas menores de cereales, por ser la tierra alta, vendían a Gran Canaria, pero sobre todo a los barcos, que hacían aguaje, siendo la orchilla la principal riqueza. Asegurándose su comercialización, Inés y Fernán firmaron asiento con Francisco de Rivera, por otro nombre Riberol, genovés afincado en Sevilla. Compró 5.600 quintales de orchilla, "buena, limpia e enxuta", en 10 doblas cahíz, a razón de 800 por año, quedando los Peraza a autorizados vender el excedente, en los dos primeros, de no absorberlo Rivera, a condición de mantener el precio[13].

Tan perjudicada la Iglesia como Fernán, por la suspensión de la trata, pues el diezmo era de importancia, señor y clérigos se aliaron, buscando solución al problema. Siendo la clave la religiosidad de los isleños, el Deán de San Juan concluyó que los interesados, habrían de probar que "no eran ni fueron cristianos", pues aunque "nombre tuviesen, ninguna obra de platica fasían", usando "nombres gentilisos, binieno desnudos e teniendo ocho o diez mugeres, no consintiendo entre sí cristianos, antes tomándolos e fasiéndolos otras muchas superticiones". Al tiempo que palmeños y guanches reclamaban conversión, la Iglesia local declaró de urgencia,

enmendar las desviaciones de los gomeros. Para ello les hicieron jurar y firmar, que de no apartarse "de sus ritos y errores" en fecha fija, aceptaban "ser conquistados" por enésima vez, "e dados en cautiverio e perpetua servidumbre". Ratificado el documento por el prelado y la corona[14], Fernán aguardó el término del plazo, para reanudar las cabalgadas, alegando que persistían "en sus malas costumbres y errores". Enteradas las víctimas, tomaron "tal omecillo" contra el señor de la isla, que en reunión celebrada en la "villa" de la Gomera, "todos juntamente... acordaron de lo matar". Yendo Peraza en busca de cautivos, le despenaron "con alboroto y escándalo", en emboscada tendida "debaxo de Mercadis...", junto a Gran Canaria[15]. Enterada Beatriz de Bobadilla de su viudedad, pidió socorro a Pedro de Vera, atrincherándose en una torre, con sus criados e hijos: Guillén, al que pasado el incidente, los canarios darían vasallaje, e Inés[16]. No era esta Beatriz de Bobadilla la Marquesa de Moya, esposa de Andrés de Cabrera, quizá la que obtuvo licencia para fletar carabela en 1478, con destino a los rescates de Guinea[17]. La que nos ocupa estaba casada desde 1484, con Fernán de Peraza.

Pasivo Pedro de Vera, Beatriz permaneció sitiada "mucho tiempo"[18], hasta que Inés, que estaba en Sevilla, hizo llegar la noticia a la corte. Mal ejemplo toda revolución popular triunfante, a 4 de marzo de 1489, los reyes ordenaron a Vera rescatar a "nuestra criada", señora de Gomera y Fierro, como tutriz de sus hijos[19]. Aunque no lo necesitase, ampararía de paso a la Peraza, que "posee por suyas ciertas yslas, que son de las yslas de Canaria", para que sus vasallos "no se sustraigan a su obediencia"[20]. El gobernador se comportó, a la manera oficial de la época: "en vengança de la dicha muerte", hizo matar "a muchos vecinos de la Isla.., y las mujeres, muchachos y niños y niñas cautivaron"[21]. Tras haber "tomado e prendido a todos los vecinos... e a sus mujeres e fijos", se repartió el lote con Beatriz: "metiolos en una nao e en sus navíos... De ellos perecieron y otros fueron vendidos.., dados e enajenados en nuestros reinos e señoríos e otros fuera dellos"[22]. Cobrados 1.000 castellanos en oro y 500 quintales de orchilla, a dos castellanos quintal, por el gasto[23], Vera se reservó ambas partidas, dando "cautivos en pago de su sueldo"[24], a "los escuderos e maestres de navíos e otras gentes, que fueron en lo suso dicho"[25]. Valorado el gomero o gomera, entre 7.500 y 10.500 maravedís[26], el obispo de Canarias y Málaga, que residía en la ciudad andaluza, quedó a cargo de la distribución[27], no olvidando el gobernador obsequiar a Isabel, con un camello y 9 esclavas y al Príncipe D. Juan, con tres cajas de conservas y una grande de azúcar[28].

En julio de 1490, corrió que los gomeros, reducidos a esclavitud, tras la muerte de Fernán de Peraza, eran cristianos, no habiendo intervenido en el crimen, por tratarse de mujeres y niños. Falso lo primero pero cierto lo último, fueron declarados no "ganados en buena guerra"[29], quedando en entredicho su captura. El Consejo retiró los libros a Vera, ordenando repesca de cautivos. Iniciada en septiembre, la dirigió el mismo obispo, que los había comercializado[30]. Dejaron los recuperados de padecer, bajo la férula del comprador, para sufrir en "poder de personas", que los "criasen" y adoctrinasen, a cambio de trabajo[31], pero al ser declarados libres los naturales "de la ysla de la Gomera, que es en la Gran Canaria"[32], la precisión semántica permitió a parientes de cautivos, víctimas de la guerra de Vera, presentarse en la corte, que estaba en Córdoba, para reclamar la libertad de los suyos. Entre los demandantes apareció un Juan de Guzmán, sobrino de Juana Canaria, reclamando la libertad de la tía, esclava desde hacía 11 años. Citado Vera como vendedor, compareció su hijo Fernando,

presentando por fiador a Gonzalo de Burgos, escribano en Gran Canaria. Pidió un cuarto plazo de 8 meses, que le fue concedido, por no pedirlo "maliciosamente", al estar los testigos realmente "muy lejos"[33].

Especialista la monarquía en el arte de destruir individuos, molestos o desafectos, acumulando pleitos sobre su persona, los acopió Pedro de Vera. En puertas su cese, le fue exigida la cuadratura del círculo: "por una parte", habría de depositar "todos los maravedís que montan los dichos canarios, e por otra... facer sequestración de sus bienes". Evidente que ejecutado lo segundo, no tendría posibilidad de cumplir lo primero, los monarcas entraron en razón, mandando sobreseer "dichas nuestras cartas, desbaratándolas y no haciendo cosa alguna, en virtud a ellas"[34]. Aliviado el gobernador, se complicó la situación de Beatriz de Bobadilla. Las dificultades que planteaba separar las Canarias de señorío de las realengas, aconsejaban eliminarla. Se consiguió, creando el clima adecuado. Un Francisco Martínez, al regreso de la pesquería de cazones de Guinea, entró en Gomera para hacer aguaje. Traía barco nuevo de 20 toldos, comprado en 26.500 maravedís, de que enamoró Beatriz. Imprudente negarle el capricho, Martínez aceptó como parte de pago dos esclavas, valoradas en ocho y nueve mil maravedís. Embargadas por el obispo, demandó a la Bobadilla[35]. A esta primera causa, siguieron otras. Sintiéndose justificado, el fiscal exigió a la Bobadilla depósito de 500.000 maravedís, para garantizar restitución, a los compradores de gomeros[36].

A 30 de marzo de 1491, el salmantino Francisco Maldonado, fue nombrado juez de residencia en Gran Canaria. A su cargo remediar las "sinrazones", perpetradas por Pedro de Vera y adláteres, a lo largo de una década[37], habría de averiguar por qué "la dicha ysla, fasta oy no se ha poblado cómo debiera"[38], pues sin conocer la causa, no es posible erradicar un efecto. Sabida, procuraría atraer mercaderes, por ser los vasallos más rentables[39]. Iniciadas las actuaciones, Vera no tardó en ser requerido. Hubo de depositar los consabidos 500.000 maravedís, en manos del Obispo de Avila, confesor del rey, bajo el mismo pretexto[40]. En puertas la "conquista de Africa", como diría Maquiavelo, las Canarias se cerraron al tráfico, a 23 de diciembre de 1491. Los naturales, que en tiempos de Pulgar pasaban de una isla en otra, frecuentando los puertos de Andalucía, quedaron recluidos en su lugar de residencia: "no consintades ni dedes lugar a que ninguno de los dichos canarios y canarias, no embarquen en ninguna nao y carabelas ni varcos e fustas, ni dedes lugar a que ninguna ni ningunas personas los lleven ni pasen a la dicha isla de la Gran Canaria" o la metrópoli. El nativo que arribase a puerto, sin llevar licencia especial de la corona, sería declarado propiedad real, como cautivo perpetuo[41].

Cesado Pedro de Vera el 28 de enero de 1492, se decretó persecución de sus seguidores: porque "dis que fisieron ligas y confederaciones en la isla", con el gobernador "que fue", Maldonado haría pesquisa, remitiendo a la corte, en pliego cerrado y lacrado, lista negra de los implicados en "monipodios"[42]. Poco después Beatriz de Bobadilla, presionada por sus pleitos, pasó a la corte, arrastrando con los hijos. En Granada coincidió con Alonso Fernández de Lugo y quizá con Colón. No hay noticia de las relaciones, que le atribuyen con el "descubridor"[43], pero está documentado que casó con Fernández de Lugo. A 8 de mayo de 1492, Guillén fue confirmado en la posesión del mayorazgo de Canarias, sin modificación en el número de islas[44]. A 6 de junio quedó cerrado el tema de los gomeros. Admitido que mataron

a Fernán, para "perseverar" en sus errores de fe, se acordó que nunca fueron cristianos, siendo sobreseídas las cartas, dictadas contra Beatriz[45], por ser lícito el tráfico de infieles.

Muerto Enrique de Guzmán sorpresivamente, el hijo aprendió la lección. Queriendo hacerse bien quisto en la corte, demandó a Inés de Peraza, como viuda de Diego de Herrera, no como señora propietaria de las islas y a la Bobadilla, a título de tutriz de los hijos de Fernán, llamándola Isabel. Reclamaba Gomera, Hierro, Lanzarote y Fuerteventura "por señorío y otros títulos", con devolución de las rentas que percibieron, mientras tuvieron las islas. Iniciado el pleito el 15 de octubre de 1492, al ser desatinado, procurador de la Peraza, personado en último momento, liquidó la cuestión[46]. El primero de octubre de 1492, Pedro de Vera estaba en su casa de Jerez, limpio de culpa, porque al obedecer en silencio, no perdió el real favor[47]. Urgente borrar el recuerdo de su conquista, a 21 del mismo mes, los reyes mandaron pagar a la tropa. No fue posible, por haberse alzado con la caja, el funcionario Luis de Mesa[48]. Al no haber fondos, los impagos continuaron generando pruebas.

[1]SRGS. V.1494.56.

[2]Según la historia oficial, fue "rey" o caudillo de Gran Canaria. Llamado Tenesor Semidan, tomó el nombre de Fernando Guarnarteme al bautizarse, combatiendo a sus vasallos, junto a los castellanos. El Guarnarteme que nos ocupa, participó en la conquista de Gran Canaria y pudo hacerlo en la de Tenerife ("Canarias y América". V Centenario, 1992).

[3]SRGS. XII.1491.194.

[4]SRGS. X.1492.40.

[5]Ibídem.

[6]SRGS. VII.1488.308. Hay un segundo documentos en Simancas, con esta numeración, sin relación.

[7]Probable hermano de Martín Alonso.

[8]SRGS.II.1496.10.

[9]SRGS. IX.1484.110. Juan Dávila, vecino de Fuerteventura, murió en 1489. Habiendo residido en la isla 50 años, en los cuales amasó considerable fortuna, hemos de colegir que llegó en 1439 (SRGS. VII.1490.510).

[10]SRGS. IV.1486.119.

[11]SRGS. V.1492.5. Pedro García de Herrera, hijo de Diego, fue condenado a muerte en 1478, por matar a su esposa. Perdonado por los parientes de la difunta, 16 años más tarde benefició de indulto de viernes santo. Es probable que nunca fuese detenido (SRGS.

XI.1494.414).

[12]SRGS. VI.1490.36.

[13]SRGS. III.1490.495.

[14]SRGS. VI.1492.152.

[15]SRGS.VI.1492.152/ VIII.1490.363/IX.1491.288. Según la versión oficial, Hernán de Peraza, señor de la isla, conquistó Gran Canaria con "indígenas de la Gomera", matándole sus seguidores "por mantener amores con una aborigen", llamada Iballa.

Independizado el hecho de la venta masiva de gomeros, se dice que Beatriz de Bobadilla "consintió" a Pedro de Vera, gobernador de Gran Canaria, tomar muchos vecinos de la isla, sin dar más razones ("Canarias y América". V Centenario).

[16]SRGS. VI.1492.152.

[17]SRGS. VIII.1484.13/VIII.1489.369.

[18]SRGS. VI.1492.152.

[19]SRGS. III.1489.76.

[20]SRGS. III.1489.300.

[21]SRGS. VIII.1490.363/IX.1491.288.

[22]SRGS. V.1491.110.

[23]SRGS. IX.1491. 288.

[24]SRGS. VIII.1490.363/IX.1491.288.

[25]SRGS. IV.1491.89.

[26]SRGS. VI.1492.238. En octubre de 1496, Vicente Yáñez Pinzón, como procurador de Diego Fernández Colmenero, ambos de Palos, reclamó a Vera 6.300 maravedís, que Colmenero pagó por moza gomera, llamada María, secuestrada por el obispo de Canarias.

[27]SRGS. VI.1492.152/VIII.1490.50.

[28]SRGS. VII.1489.349.

[29]SRGS. VIII.1490.363/IX.1491.288.

[30]SRGS. VIII.1490.50/VIII.1490.363.

[31]SRGS. IX.1490.273 / IX.1490.273/ X.1490.237. Los compradores de canarios era mercaderes intermediarios, artesanos y labradores fuertes. El precio dependía de la calidad de la pieza, pero sobre todo, de la oferta y la demanda. Una gomera blanca costó 7.000 maravedís. Y otras dos, cuyo color no se especifica, 8.000 y 9.000. El varón valía de 4.750 a 10.500 maravedís.

[32]SRGS. VIII.1490.50/VIII.1490.363.

[33]SRGS. II.1491.96.

[34]SRGS. X.1490.184.

[35]SRGS. XII.1490.252.

[36]SRGS. II.1491.38.

[37]SRGS. III.1491.64.

[38]Ibídem.

[39]Ibídem.

[40]SRGS. V.1491.110/IX.1491.30.

[41]SRGS. XII.1491.168.

[42]SRGS. I.1492.124.

[43]Se achaca el parón de Colón en la Gomera, a sus amores con esta señora. Beatriz estuvo en la corte en mayo y junio de 1492, pero es más plausible que estrechase sus relaciones con Alonso Fernández de Lugo. No es el único caso en que la historia confunde al "conquistador", con el "descubridor".

[44]SRGS. V.1492.5.

[45]SRGS. VI.1492.152.

[46]"No fuimos Nosotros". De la autora. Ed. "La Tribune del Alpes Maritímes" ADMS. 4160.

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