Критерии классификации частей речи.
Категории существительного.
2.La categoría del genero del sustantivo
El sustantivo posee de dos categor’ias gramaticales. El gemero y el numero.Desde tiempos remotos el sustantivo tiene genero,aunque no se conservo el genero neutro que existía en el latín. Ahora la categoría del genero es binaria, el genero masculono se opone al gnero femenino.
Existen diferentes opiniones del estatus de la cetegiría del genero de sustantivos. Algunos piensan todavía que esta categoría expresa el sexo natural. (M. Criado de Val). Otros estiman es una categoría gramatical de índole morfologica (Stepanov, V-Svedy), morfosintáctica (A. Bello), unos terceros se consideran léxico-gramatical o léxico-sintáctica (Arutuynova).
Estas discripancias no son arbitrarias. Se corresponden con tal o cual etapa del desarrollo de la doctrina gramatical hispana.
Antes del año 1973 la RAE tomaba como básico el criterio natural para definir el género.
En su formación histórica el género habría podido ser relacionado primitivamente con el sexo. Existe la teoría según la cual el género al nacer la palabra, era motivado por juicios de los hombres primitivos que vineraban a los objetos como si fueran seres vivos: teoría animística del género.
Endudablemente en sustantivos animados se coservan alusiones al sexo; los inanimados, por su naturaleza no tienen nada que ver con el sexo. Sin embargo, todos los sustantivos animados e inanimados tienen género. Había sido motivado por la acepción léxica. El género de los sustantivos se determina ya por el sistema de la lengua. En gran parte los sustantivos españoles arrastran el género que tenían en latín o en la lengua de préstamo. Hubo muy pocos casos de canbio de género: la camarada, la espía – el canarada, el/la espía. El género gramatical es invariable, constante.
Es que hay casos cuando el género funciona desprendido del sexo natural, lo demuastra la falta de simetría entre ellos. Algunos nombres teniendo la forma masculima denotan a la hembra y al revés: el pendón, el granuja, el recluta, la soprano. Como regla los nombres de personas tienden a equilibrar el género gramatical con el sexo (simetría): Jorge – jorgina.
Puede darse la asimetría entre el género y el sexo por algun tiempo: la ministro, la abogado, la decano. Hoy día en este subclase de sustantivos-nombres de profesiones se tiende al equilibrio formando la palabra para denotar el sexo femenino.
Bajo la influencia de las doctrinas nuevas la RAE ha cambiado drásticamente su postura. Antes del año 1973 destacaba 6 géneros: masculino, femenino, neutro, ambiguo (el/la corte, el/la pez), opiceno (la liebre – macho, el aguila – hembra) y común (el,la testigo). En realidad confundía los significados gramaticales y léxicos con sus formas de expresión. Los 6 generos al fin y al cabo se reducen a 2 géneros: femenino y masculino, no hay otros géneros en el sustantivo español que se reconoce ya en la NG (Nueva Gramatica 2009) donde se acepta el criterio morfemático.
Sin embargo el género del sustantivo no está condicionado ni por el significado léxico (la excepción de los animados) ni por la concordancia, ni por la forma correspondiente del artículo. La categoría del género es entrínseca al sustantivo y es el sustantivo el que condiciona determinada forma del artículo o adjetivo y nunca al revés.
De modo que la categoría del género es una categoría morfológica clasificatoria que separa los sustantivos en dos clases y los opone entre masculino y femenino. En español no hay sustantivos neutros que existían en latín. Pero la oposición f/m no se enmarca en una palabra (p.ej.: en adgetivos de dos terminaciones): bonito/-a, alto/-a. En los pares como hermano/hermana la oposición es ante todo léxica aunque se expresa morfologicamente.
En rigor de la categoría del género establece relaciones gramaticales, no léxicas. Todos los sustantivos femeninos se opones a los masculinos. La categoría gramatical del género es regular, sistémica y clasificatoria en el sustantivo. En adjetivos es concordetoria. El miembro marcado en la oposición genérica es el femenino y el masculino no está marcado, porque la forma del femenino denota solo el femenino, mientras la de masculino puede abarcar ambos géneros: abuela – abuelos.
Hablando de los medios de expresión del género merece menciomar que son muchos: morfemático (a/no a), sintáctico (concordancia con adjetivos, pronombres, artículo), léxico supletivo (hombre-mujer, parde-madre) y mixto – mofremático y sintáctico: el niño-la niña.
La primera y más extendida oposición forma -a/-o en la cual el morfo -a es miembro marcado o fuerte y el -o es no marcado o débil. Como hay muchos sustantivos que terminan en -e, -ma, -a, -u, consonantes, para unificar el modelo es más razonable oponer el morfo -a al no -a. A ese modelo de formación de pares génericos se subordinan nuevos corelativos: ministro(a), académico(a). Se acomoden a este modo pares inversos (vuida-vuido, modista-modisto), incluso los que terminan en –e forman su femenino en –a: presidenta, sastra, jefa, parienta.
Esta tendencia no se ha hecho a un estable, regular, varía según el area linguística, el estilo funcional, lo que plantea la necesidad de diferenciar la norma y el uso en los distintos nacionales del español. No obstante esta tendencia también tiene consecuencias positivas – gracias a ella se crea oposición simétrica no solo en al aspecto gramatical, sino en el léxico.
En cuanto al artículo es según la tradición gramatical un recurso sintáctico. Los linguistas rusos consideran este morfema como libre o analítica y lo ubican en el campo de morfología.
Un limitado número de sustantivos tiene “supletivismo” o heteronimia. Son algunos nombres de personas y animales. Como corelativo ora se emplea otro lexema (toro, vaca, caballo) ora se añade de la palabra hembra o macho (la ballena macha), cuando los acompaña un adjetivo este concorde con el género gramatical del nombre del animal.
Entre el género gramatical del sustantivo y su significado léxico puede haber cierta relación. Por un lado se tienen variantes: el/la dote, el/la azúcar. Por otro lado existen dobletes genéricos: el/la polacía; y por último homónimos: el/la pez, el moral – la moral (тутовое дерево). La existencia de los variantes genéricos se debe a causas historícas y sociolinguísticas.
Los dobletes genéricos son fuente de producción de nuevas palabras. Este fenómeno se denomina lexicalización del género: cesto – cesta. Este caso la constituye la formación emparejada de masculino y femenino, de un mismo nombre variando el morfo del género para conseguir una intencificación estilística.
Los linguistas trataron de establecer dependencia entre el género y el significado del sustantivo. Así se definen como masculinos nombres de los días de semana, meses, notas musicales, ríos, mares, volcanos; son femeninos nombres de países, provincias, ciudades, villas, ciencias, emociones.
Angel Rosenblatt habla del doble proceso de analogía que se verificó en la formación del género. Por un lado la presión sobre el significado, por otro la del significado sobre la forma. En español se escaparon solo dos palabras: mano y día.
Existe la hipotesis: el género de las palabras primitivas se predeterminó por oposición de conceptos: el día – la noche, la mano – el pie, el fuego – la agua.
Resumimos la tendencias principales:
Direfenciación formal (presidente-presidenta)
Equilibrio entre el género y el sexo (la ministra)
Lexicalización de morfemas genéricos
Acomodación de significado genérico a la forma gramatical (el vodka – la vodka)
Cambio del género con fines estilísticos
