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Коваленко П.В., Акинфиева М.Г. Испанский язык для специалистов мировая экономика, международные экономические отношения, внеш...doc
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01.07.2025
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Unidad 5

Vigencia de la tesis malthusiana

Thomas Robert Malthus, pastor protestante y economista inglés contemporáneo del escocés Adam Smith considerado el fundador de la economía política, quien polemizó (Malthus) sobre las contradicciones internas del sistema capitalista y de sus críticas periódicas, dejó también un ensayo titulado «El Principio de la población» en el que postuló que el aumento de los medios de subsistencia no se producía – como ahora tampoco – en la misma proporción conforme crece la población, que en su tiempo se duplicaba cada 25 años. Todo ellо genera desde la época malthusiana (1766-1834) hasta nuestros días un desajuste entre la indispensable suficiente producción de alimentos y el explosivo crecimiento de la población mundial.

Hoy en día ha adquirido un gran desarrollo la modelación de los procesos demográficos. Se han venido utilizando diferentes tipos de modelos, particularmente matemáticos, para estudiar tanto los factores demográficos por sí mismos como las relaciones entre ellos y las relaciones entre éstos y los factores socioeconómicos. Entre los factores demográficos que se investigan están fundamentalmente aquellas variables que, como la natalidad, la mortalidad, las migraciones y las relaciones entre ellas, conforman el sistema demográfico. Son también de cardinal importancia los diferentes factores socioeconómicos y naturales, como la ocupación, la educación, la salud, el medio, la alimentación, etc.

Entre estos modelos pudieran mencionarse los siguientes:

Los modelos agregados de la dinámica de la población llamados a solucionar la tarea del pronóstico a largo plazo del tamaño de la población, por ejemplo, la ecuación diferencial:

N(t) = N(o) + V(t) - m(t)

Donde:

N(t) es el tamaño pronosticado de la población;

N(o) es el tamaño de la población en un momento dado;

V(t) es la densidad de la natalidad;

m(t) es la densidad de la mortalidad.

Los modelos agregados de la interacción de la economía, la población y el medio, los cuales tienen como uno de sus fines la creación de una base teórica para el pronóstico a largo plazo de la dinámica de la población y el crecimiento económico.

En los últimos años se han empleado en la investigación de las relaciones entre el crecimiento de la población, el desarrollo económico, los recursos naturales, el medio y otros factores, los modélos dinámicos de simulación los cuales han recibido la denominación de modelos globales.

La principal conclusión que se desprende de los principios malthusianos es que debe limitarse el crecimiento de la población so pena de afectar los niveles de ingreso medio; hay una serie de leyes – por así llamadas – «naturales» que no podemos infringir. No obstante, el desarrollo histórico de las sociedades hoy industrializadas demuestra que una aparente violación inicial de esos principios es factible siempre y cuando esté en concordancia con otra «ley natural» – no prevista por Malthus – relativa al fenómeno de la transición demográfica. Si esta última aplica, no hay porqué preocuparse: el demográfico es un proceso que se «autoregula» y por ende, cualquier forma de intervención está injustificada.

Entonces, ¿es aconsejable que los países en desarrollo adopten una política de no hacer nada? La respuesta es un rotundo no y la razón, una muy sencilla: el «auge demográfico» es un fenomeno derivado de «transferir» una de esas «leyes naturales» (el incremento de la población no es resultado de un avance del ingreso) y nada garantiza que éstas sigan operando; para que el «equilibrio» se restablezca, es necesario hacer algo al respecto.

La solución neomalthusiana al problema de la llamada crisis demográfica consiste en alcanzar un equilibrio global que tendría como condiciones:

- utilizar los recursos naturales hasta reducir su consumo en un 45%;

- limitar la contaminación en un 50%;

- disminuir la tasa de natalidad en un 30%;

- contraer las inversiones de capital en un 40%.

El equilibrio, en este caso, supondría el crecimiento cero en todos los niveles básicos del sistema, excepto en los recursos naturales que seguirían decreciendo, aunque muy lentamente. El modelo del mundo, según los neomalthusianos, parte de la siguiente premisa: el sistema formado por la naturaleza y la economía determina por sí mismo cómo debe vivir el hombre en la tierra y por qué valores se debe guiar.

Para analizar los programas de planificación familiar de los neomalthusanos sería util referirse a la experiencia de los últimos dos siglos. Dado que el incremento de la población no va ligado a mayor producción, el ingreso per cápita sufre un efecto inicial negativo. Se debe a que en los primeros años del «auge poblacional», la razón de población infantil y anciana a gente de edad de trabajar – o relación de dependencia – se incrementa porque hay más niños. A medida que las generaciones del «auge» crecen, se crean presiones de distintos tipos: los servicios educacionales serán los primeros en enfrentar una demanda anormal, seguidos por la creación de empleo y finalmente, por servicios de salud y atención a la tercera edad. En la última etapa, la relación de dependencia aumenta nuevamente, ahora como resultado de un mayor número de ancianos.

La sociedad debe estar lista para incorporar a las generaciones del auge al mercado de trabajo. Es conveniente notar que en esta etapa, la relación de dependencia disminuye, por lo que hay un efecto potencialmente positivo sobre los niveles de ingreso per cápita. Durante los años sesenta del siglo pasado, el impacto demográfico en México tenía un efecto negativo sobre el ritmo de avance del PIB por persona, situación que era de esperar dado el incremento inicial en la relación de dependencia que provocaba el auge. No obstante, a medida que los nacidos en aquel período alcanzaban la edad de trabajar, el impacto se hacía positivo. En 1980-85, por ejemplo, la demografía ofreció una oportunidad de crecimiento en México.

Sin embargo, una buena parte de la población no se incorpora al mercado de trabajo – debido a la tasa de empleo – y ello limita los beneficios de la dinámica demográfica. Se trata de una situación particularmente grave, ya que implica un desbalance entre una oferta creciente de mano de obra y una demanda insuficiente que tiene un efecto acumulativo; en buena medida, el crecimiento de la economía informal tiene su origen en este fenómeno.

Y el tema adquiere trascendente vigencia debido a que conforme sigue aumentando la población a nivel universal el desastre social parece cada vez más inevitable, a menos que los gobiernos de todos los países del mundo instrumenten políticas destinadas a crear muchas nuevas fuentes de trabajo, advierten con supuesta sobrada razón, las instancias directrices de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En uno de los informes del referido organismo afiliado a las Naciones Unidas, se establece que si bien la falta de empleo parece ser más grave en los países en desarrollo, también el problema de la desocupación se atenaza sobre las economías de las naciones más avanzadas, donde la mecanización tecnológica aplicada en los procesos de producción industrial desplaza a numerosos núcleos de trabajadores.

Con relación al desproporcionado crecimiento de la población mundial y el enorme déficit existente en la actual producción de alimentos para sustentarla – lo que actualiza la tesis malthusiana – el estudio de la OIT sugiere una visión apolítica de la pobreza y el hambre. En el mencionado estudio de la OIT, se destaca que mientras el desempleo y el subempleo continúan aumentando en el mundo, para el año 2025 habrá 1200 millones más de personas buscando trabajo. Se hace eco también de las persistentes advertencias que los analistas económicos hacen desde dentro y fuera de la Organización de las Naciones Unidas, considerando que dejar la creación de muchas nuevas fuentes de trabajo, necesarias a las meras fuerzas del mercado ajustadas a las rígidas políticas fiscales, podría llevar a una tensión social de imprevisibles características.

Finalmente, en 1990, afirma la OIT en su estudio, un tercio de la población urbana, es decir alrededor de 800 millones de personas, vivían en plena pobreza a causa, en gran parte, por la falta de empleos en cientas de ciudades en los cinco continentes. Según el estudio, en el año 2010 el número de pobres en las grandes concentraciones urbanas habrá aumentado por lo menos a unos mil millones de personas que estarán desempleadas. En tales condiciones sólo la creación oportuna de suficientes puestos de trabajo podrá romper el círculo vicioso de desocupación y la pobreza urbana, que por centurias se ha venido acumulando en todas las latitudes de la tierra.

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