Добавил:
Upload Опубликованный материал нарушает ваши авторские права? Сообщите нам.
Вуз: Предмет: Файл:
John Grisham - El testamento.doc
Скачиваний:
8
Добавлен:
12.11.2019
Размер:
2 Мб
Скачать
☆

Indios están intentando dormir. Además, no olvide que les llamamos mucho la atención.

—No pueden entender nada.

—Ya, pero estarán pendientes de nosotros.

Nate, cuyo cuerpo llevaba varios días sin tocar el jabón, empezó de repente a preocuparse por su higiene.

Tomó un sorbito de zumo y después otro.

—¿Tiene familia? —le preguntó Rachel.

—He tenido dos. Dos matrimonios, dos divorcios, cuatro hijos. Ahora vivo solo.

—Es fácil divorciarse, ¿verdad?

Nate tomó otro sorbito de zumo. Por el momento había conseguido evitar las violentas diarreas que solían

aquejar a los forasteros. Confiaba en que aquel líquido oscuro fuera inofensivo.

Eran dos norteamericanos solos en la selva y podrían haber hablado de infinidad de temas, ¿por qué

entonces mencionar precisamente el tema del divorcio?

—En realidad, en ambos casos fue muy doloroso.

—Pero seguimos adelante. Nos casamos y después nos divorciamos. Nos buscamos a otra persona, nos

casamos y nos divorciamos. Y volvemos a buscarnos a otra persona.

—¿Habla de usted y de mí?

—Estoy generalizando, sencillamente. Me refiero a las personas civilizadas, a las personas instruidas y

complicadas. Los indios jamás se divorcian.

—Eso es porque no conocen a mi primera esposa.

—¿Era una persona desagradable?

John Grisham El testamento

106

Nate soltó un suspiro y tomó otro sorbo de zumo. «Síguele la corriente —pensó—. Necesita

desesperadamente hablar con uno de los suyos.»

—Perdone —añadió Rachel—. Estoy metiéndome en lo que no debo. No tiene importancia.

—No era una mala persona, por lo menos al principio. Yo trabajaba mucho y bebía todavía más. Cuando

no estaba en el despacho, estaba en el bar. Ella se convirtió en una mujer resentida, más tarde se le agrió el

carácter y finalmente se volvió mala. Perdimos el control de la situación y acabamos odiándonos.

La breve confesión fue suficiente para ambos. A Nate sus tragedias matrimoniales le parecían

Insignificantes en aquel lugar y momento.

—¿Usted nunca ha estado casada? —le preguntó a Rachel.

—No —respondió ella, y bebió un sorbo. Era zurda y, cuando levantó la taza, su codo rozó el de Nate—.

Pablo jamás se casó, ¿sabe?

—¿Qué Pablo?

—El apóstol Pablo.

—Ah, se refiere a ese Pablo.

—¿Lee usted la Biblia?

—No.

—Una vez, en la universidad, creí estar enamorada. Quería casarme con él, pero el Señor me apartó de su

lado.

—¿Por qué?

—Porque el Señor quería que viniera aquí. El chico a quien yo amaba era un buen cristiano, pero carecía

de fortaleza física. jamás hubiera sobrevivido en un ambiente como éste.

—¿Cuánto tiempo permanecerá usted aquí?

—No tengo previsto marcharme.

—¿Significa eso que los indios la enterrarán?

—Supongo que sí. En cualquier caso, no es algo que me preocupe.

—¿La mayoría de los misioneros de Tribus del Mundo muere en su puesto?

—No, la mayoría se retira y regresa a casa; pero en general tienen familia que los entierre.

—Usted tendría montones de parientes y amigos si regresara a casa ahora. Sería muy famosa.

—Ése es otro motivo para quedarme aquí. Ésta es mi casa. No quiero el dinero.

—No sea tonta.

—No soy tonta. El dinero no significa nada para mí. Usted ya debería haberlo comprendido.

—Ni siquiera conoce la cantidad que ha heredado.

—No se lo he preguntado. Hoy he estado haciendo mi trabajo sin pensar en el dinero. Mañana haré lo

mismo y al día siguiente también.

—Son once mil millones de dólares, más o menos.

—¿Me lo dice para impresionarme?

—A mí me llamó la atención.

—Pero es que usted adora el dinero, Nate. Forma parte de una cultura en la que todo se mide con el

dinero. Es una religión.

—Cierto. Aunque el sexo también es muy importante.

—De acuerdo, el dinero y el sexo. ¿Qué más?

—La fama. Todo el mundo quiere ser famoso.

—Es una cultura muy triste. La gente vive en un estado de frenesí permanente. Trabaja sin descanso para

ganar dinero con que comprarse cosas para impresionar a los demás. Se la mide por lo que tiene.

—¿Yo también?

—Usted sabrá.

—Supongo que sí.

—Eso significa que vive sin Dios. Es usted una persona solitaria, Nate, lo intuyo. No conoce al Señor.

Nate se agitó en su asiento y consideró la posibilidad de improvisar una rápida defensa, pero la verdad lo

había dejado desarmado. Le faltaban argumentos y respuestas ingeniosas, carecía de una base sobre la que

apoyarse.

—Creo en Dios —dijo intentando sonar seguro, pero sin demasiada convicción.

John Grisham El testamento

107

—Eso es fácil de afirmar —replicó Rachel, hablando todavía muy despacio—. No dudo de sus palabras,

pero una cosa es decirlo y otra vivirlo. Aquel muchacho tullido que hay bajo el árbol es Lako. Tiene diecisiete

años, es enfermizo y está poco desarrollado para su edad. Su madre me explicó que fue un bebé prematuro. Lako

es el primero en pillar las enfermedades que nos llegan de fuera. Dudo que viva más de treinta años. Sin

embargo, a él no le importa. Se convirtió al cristianismo hace varios años y es el ser más dulce que usted pueda

imaginar. Se pasa todo el día hablando con Dios; lo más seguro es que ahora esté rezando. No tiene temores ni

inquietudes. Si le ocurre algún contratiempo, recurre directamente al Señor y lo deja todo en sus manos.

Nate miró hacia el árbol donde Lako estaba rezando, pero la oscuridad le impedía distinguirlo.

—Este pequeño indio no tiene nada en la tierra —añadió Rachel—; no obstante, está almacenando

riquezas en el cielo. Sabe que cuando muera pasará toda la eternidad al lado de su Creador. Lako es un chico

muy rico.

—¿Y qué me dice de Troy?

—Dudo que Troy creyera en Jesucristo cuando murió. Si no creía, en estos momentos debe de estar

ardiendo en el infierno.

—Usted no puede creer en eso.

—El infierno es un lugar muy real, Nate. Lea la Biblia. Ahora mismo Troy daría sus once mil millones de

dólares a cambio de un sorbo de agua fría.

Nate estaba muy mal preparado para discutir sobre teología con una misionera y lo sabía muy bien.

Permanecieron en silencio por varios minutos mientras el último niño del poblado se quedaba dormido. Era una

noche completamente oscura, sin luna ni estrellas, y sólo brillaba la luz de la llamita amarilla que tenían a sus

pies.

Rachel lo tocó muy suavemente.

—Perdón. —Le dio tres palmadas en el brazo—. No debería haberle dicho que está solo. ¿Cómo puedo

saberlo?

—No se preocupe.

Rachel mantuvo los dedos apoyados en su brazo, como si necesitara desesperadamente tocar algo.

—Es usted una buena persona, ¿verdad, Nate?

—Pues no, la verdad es que no soy una buena persona. Hago muchas cosas malas. Soy débil y frágil y no

me apetece hablar de ello. No he venido aquí para buscar a Dios. Bastante trabajo me ha costado encontrarla a

usted. La ley me obliga a entregarle estos documentos.

—No voy a firmar ningún papel y no quiero el dinero.

—Vamos...

—Por favor, no insista. Mi decisión es inapelable. No hablemos del dinero.

—Pero es que el dinero es la única razón por la que estoy aquí.

Rachel apartó la mano, pero consiguió acercarse unos cinco centímetros más y rozar las rodillas de Nate

con las suyas.

—Lo lamento, pero ha hecho el viaje en balde.

Otra pausa en la conversación. Nate tenía que hacer sus necesidades, pero la sola idea de alejarse un solo

metro en cualquier dirección lo horrorizaba.

Lako dijo algo y Nate se sobresaltó. El muchacho se encontraba a menos de tres metros de distancia,

todavía sumido en las sombras.

—Ahora ha de irse a su choza —dijo Rachel, poniéndose de pie—. Sígalo.

Nate se levantó muy despacio. tenía los músculos entumecidos.

—Quisiera irme mañana.

—Muy bien. Hablaré con el jefe.

—No será ningún problema, ¿verdad?

—Probablemente no.

—Necesito robarle treinta minutos para repasar por los documentos y mostrarle una copia del testamento.

—Ya hablaremos. Buenas noches.

Nate caminaba tan pegado a Lako cuando ambos recorrieron el corto sendero que conducía al poblado

que prácticamente le echaba el aliento en la nuca.

—Por aquí —murmuró Jevy en medio de la oscuridad.

John Grisham El testamento

108

Había sido autorizado a instalar dos hamacas en la pequeña galería del pabellón de los hombres. Nate le

preguntó cómo lo había conseguido. Jevy le prometió que a la mañana siguiente se lo explicaría.

Lako se desvaneció en la noche.

Viernes 3 de enero.

Parr Wycliff estaba en su sala, retrasándose en la tramitación de una agenda repleta de aburridas vistas.

Josh aguardaba en el desordenado despacho del juez con la cinta de video, el teléfono móvil en la mano y la

mente en otro hemisferio. Seguía sin recibir noticias de Nate.

Las seguridades que le había ofrecido Valdir parecían muy bien ensayadas: el Pantanal era un lugar

inmenso, el guía, muy bueno, el barco, grande; a los indios no les gustaba que los localizasen, por eso se

desplazaban de un sitio a otro; todo iba bien. Lo llamaría en cuanto tuviera noticias de Nate.

Josh había considerado la idea de organizar una operación de rescate, pero si el simple hecho de llegar a

Corumbá ya constituía todo un reto, adentrarse en el Pantanal en busca de un abogado desaparecido se le

antojaba una tarea imposible. Con todo, podía desplazarse hasta allí abajo y esperar con Valdir hasta que

supieran algo.

Trabajaba doce horas al día seis días a la semana y el caso Phelan estaba a punto de estallar. Apenas tenía

tiempo para almorzar y no digamos para un viaje a Brasil.

Intentó llamar a Valdir desde su teléfono móvil, pero la línea estaba ocupada.

Wycliff entró en el despacho pidiendo disculpas mientras se quitaba la toga. Quería impresionar a un

abogado tan poderoso como Stafford con la importancia de su agenda.

No había nadie más que ellos en la estancia. Vieron la primera parte del video sin hacer ningún

comentario. La grabación empezaba con el viejo Troy sentado en una silla de ruedas mientras Josh le colocaba el

micrófono delante y los tres psiquiatras aguardaban para interrogarlo. El examen duraba veintiún minutos y

terminaba con la opinión unánime de que el señor Phelan sabía exactamente lo que hacía. Wycliff no pudo

reprimir una sonrisa.

A continuación, la sala de juntas se vaciaba. La cámara enfocaba directamente a Troy, que sacaba el

testamento ológrafo y lo firmaba cuatro minutos después de haber finalizado el examen mental.

—Y aquí es cuando se arroja al vacío —señaló Josh.

La cámara no se movía. Captaba a Troy en el momento en que éste se apartaba súbitamente de la mesa y

se levantaba. Acto seguido, Troy desaparecía de la pantalla, Josh, Snead y Tip Durban se quedaban

boquiabiertos de asombro por un instante y después salían disparados tras el viejo. La filmación era

extremadamente dramática.

Transcurrían cinco minutos y medio, durante los cuales la cámara sólo grababa unas sillas vacías y

registraba unas voces. Después el pobre Snead se sentaba en el lugar que Troy había ocupado previamente. Se lo

Соседние файлы в предмете [НЕСОРТИРОВАННОЕ]